El final del dúo Bárbara y Dick y los últimos días de Fernando Sustaita.

Foto familiar de Fernando Sustaita con su esposa María y su hija Dolores.

Con la muerte de su esposa, María Castro Videla, el 4 de marzo de 1998, comenzaría el final de la historia musical de Fernando «Dick» Sustaita y el exitoso dúo que conformó con su amiga Bárbara Bourse en 1965, Bárbara y Dick.

«Después de la muerte de su mujer, Fernando tuvo un cambio total», asegura Bárbara. Lo cierto es que su compañero nunca se repuso de esa pérdida pese a quedar a cargo de sus tres hijos: Dolores, Virginia y Emiliano.

Bárbara y Dick fue uno de los dúos más importantes de Latinoamérica en las décadas de 1970s y 1980s.

Fernando se deprimió mucho porque su vida giraba en torno a su esposa y al grupo muy selecto de amistades que tenían. Los grandes amigos de «Dick» Sustaita eran los primos de María y, por supuesto, su entrañable compañera de talento durante más de 30 años, Bárbara. Básicamente ambos eran oriundos del norte de Buenos Aires, una zona muy exclusiva y de tradición, donde las familias residentes se apoyaban y se conocían entre sí.

«Ese año (1998) salimos de gira pero yo lo veía cada vez peor anímicamente», dice Bárbara. «Debíamos hacer 15 presentaciones en el Norte del país, y en la quinta presentación Fernando se empezó a sentir mal». La organización del concierto tuvo que llamar a emergencias médicas. Los doctores aconsejaron que no se debía presentar. Por primera vez Bárbara se presentó sola, disculpando a su compañero ante los asistentes.

«Ese año hicimos bingos y casinos desde Buenos Aires hasta el Norte de nuestro país, y los festivales más importantes del folklore de la Argentina: el de Cosquín y el de Chamamé. El 15 de marzo, fecha de San Isidro Labrador, patrono del municipio en que nació Fernando, fue la última presentación del dúo», cuenta Bárbara.

Desde sus inicios hubo muchos rumores sobre su relación pero lo único real, según ellos, fue una fuerte amistad.

Fernando anímicamente ya no daba más. Le costaba sicológicamente porque lo atormentaban los recuerdos de su esposa. Para Él, era una presión tener que hacer esas presentaciones… hasta que llegó el día que no quiso hacerlo más, según relata Bárbara.

«Dick» decidió aislarse del mundo y se fue a vivir al campo. Exactamente a la provincia de Córdoba, donde se compró una finca para vivir como ermitaño. Había conocido a una mujer, a quien apodaban «Auchi». Ella lo admiraba desde siempre, y fue quien le sirvió de compañía en esa época. Era de un estilo muy hippie y consentía a Fernando en todos sus caprichos.

El problema era que Ella le mantenía la copa de licor siempre al tope, lo que hacía que Fernando estuviera ebrio casi todo el tiempo. Los amigos cercanos vivían muy disgustados con «Auchi» por esa situación, cuenta Bárbara.

Y era un cuadro medio extraño porque Fernando siempre fue un hombre muy fiel con su esposa. Bárbara asegura que nunca conoció a «un hombre más fiel que Fernando en su vida». Incluso durante sus giras, cuando los empresarios de sus conciertos le querían meter mujeres bellas a su habitación o a su camerino, Fernando le decía a Bárbara: «Decí que tenemos algo que ver vos y yo para que no crean que soy gay». «Pero conmigo nunca pasó absolutamente nada», aclara Bárbara. Era una coartada para que no le metieran ni le presentaran mujeres.

Fernando le pedía a Bárbara que fingiera que tenían algo para no pasar como homosexual.

Fernando permaneció por varios años alejado de la Capital. Eligió aislarse: vivía sin servicio de energía, sin gas, sin teléfono. «No quería que nadie le dijera nada», asegura Bárbara. «Quería filosofar, lejos del mundanal ruido». Al fin y al cabo para Fernando, como para Bárbara, el canto nunca fue un trabajo sino una pasión, una diversión. Y el día que dejó de ser eso para Él, se retiró.

Por ese modo de ver el canto, Bárbara y Dick fueron muy censurados y apartados por sus colegas. «Fíjate que yo cuando hago shows gratuitos en las cárceles o ancianatos, mis colegas me miran como si estuviera loca». Para Bárbara , a diferencia de muchos colegas, subir a un escenario es una bendición. «Jamás lo sentimos un trabajo, y nuestra forma de agradecer fue y será dando servicio».

Continuando con la historia de Fernando, cuenta Bárbara Bourse que de vez en cuando viajaba desde Córdoba a Buenos Aires para ver a sus hijos. A comienzos de 2006 «vino a conocer a su nieta» y su yerno, que era médico, le detectó una «bola» en la garganta. Le hicieron los estudios respectivos y se le detectó cáncer.

Pese a que había opción de un procedimiento quirúrgico, Fernando no quiso hacerlo. Básicamente no quería quedar como un «robot», sin poder hablar ni hacer su vida normal. Dijo que prefería irse así. Permaneció en Buenos Aires soportando su terrible enfermedad. Bárbara lo visitaba dos o tres veces por semana, pero cada vez lo veía peor.

Bárbara quedó conmovida con la valentía de Fernando para enfrentar su enfermedad. Fotos: Cortesía Bárbara Bourse

En agosto, Bárbara debía viajar a Medellín, Colombia para presentarse en la Carpa Cabaret, Concierto Apasionado de Memorias Producciones. Pese a pensar en no ir, Fernando la motivó diciéndole que «por ningún motivo» podía «dejar de ir a Colombia». Cada que lo visitaba, Bárbara le llevaba a Fernando todos los emails, noticias y actualizaciones de la movida musical.

«Achi» llamó a Bárbara informándole que Fernando estaba internado en el hospital. Cuando lo vió se estremeció. Fernando la saludó levantando el pulgar con el puño cerrado en señal que todo estaba bien, pero realmente Bárbara lo vio muy mal. Su único aliciente era que «Dick» Sustaita estaba feliz que viajara a la Feria de las Flores de Medellín, Colombia.

Bárbara Bourse nunca va a olvidar la valentía y el coraje de Fernando por aguantar tanto dolor físico por su enfermedad y no aceptar que le aplicaran morfina. Esto fue inevitable sólo hasta dos días antes de su muerte. Tuvo una gran fortaleza para tratar de estar consciente en todo momento.

El 29 de julio de 2006 Bárbara estaba lista para su show en la Carpa Cabaret en Medellín, Colombia. Pero unas horas antes recibió la irremediable noticia de la muerte de Fernando. Se había ido el mismo día de ese memorial concierto. Durante la presentación Bárbara no pudo cantar mucho por su enorme tristeza, pero miles de personas se encargaron de corear todas sus canciones, muy seguramente, impulsados con la energía de un luchador como ninguno, Fernando «Dick» Sustaita.

Esa «maldita» enfermedad, como la calificó Bárbara, se había llevado a María la esposa de Fernando; al propio Fernando (cáncer en la garganta) y tiempo después, a su hija Virginia, quien murió a los 33 años por cáncer de pulmón, como su madre.

Bárbara siguió recorriendo ciudades interpretando todos los éxitos del dúo. Ahora está acompañada por su hijo Julián, quien, cuando niño, era el seguidor número uno de Bárbara y Dick. En su infancia tuvo gran cercanía con Fernando. Su madre prepara una gira de despedida en la que espera volver a todos esos lugares de Latinoamérica donde fue feliz.

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